Un viernes por la tarde Scout me preguntó:
"Atticus, ¿por qué está mal matar un ruiseñor?"
Y le respondí:
"Porque no le hace mal a nadie. Es inocente, ingenuo. Es una criatura de Dios, llena de vida, que embellece el día y con su canto hace menos pesado el anochecer, hasta que el lucero nos devuelve la esperanza. Un hombre con el corazón en su lugar debería sentir ternura al verlo, cierto asombro, gozo y hasta compasión de su fragilidad. ¡Matarlo es cruel e inhumano, injusto y sacrílego!".
"¡Gracias Átticus!" y se fue a jugar a la hamaca con Jem y Dill bajo la extraña mirada de Boo Radley.

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