En la sabiduría popular está instalado que alguna vez el Quijote dijo:
"Ladran Sancho, señal que cabalgamos".
En realidad esta frase no pertenece a la obra de Cervantes, pero ha pegado porque es cierto que cuando alguien cabalga por las casas, normalmente, los perros ladran.
Pero en el mundo que nos toca vivir parece que los perros también se han vuelto líquidos y posmodernos, porque la cultura de la muerte cabalga alegremente entre nuestras casas y los perros ya no ladran, ni siquiera los que tienen la obligación de hacerlo, los perros pastores o mitrados.¡Y no me vengan con que perro que ladra no muerde, porque esos no ladran ni muerden!
El jueves 22 de octubre se realizará una nueva marcha nacional en defensa de la Vida y la Familia. Unos cuantos perros que todavía ladramos nos juntaremos allí para hacer algo de alboroto. Habrá que ver si conviene hacer tantas convocatorias diferentes a lo largo del año, pero no se puede negar que es una oportunidad para ladrar y lamernos las heridas.
La cultura de la muerte cabalga entre nosotros imponiendo sucedáneos de familia para difuminar lo que queda de la familia natural y cristiana. Cabalga sembrando la tierra con la sangre de los niños sacrificados a los ídolos, a los baales contemporáneos, al dinero y al confort y a la afirmación de la propia voluntad.Mientras tanto, los perros cristianos, como nos llamaban los musulmanes en las novelas de antes, acediados permanecen en silencio.
"No podemos permanecer en silencio"- nos dice Mons. Cafarra- "Ay de nosotros si el Señor nos reprendiera con las palabras del profeta <<Perros que no ladraron>>"
Sí, ¡ay de nosotros! Si no tenemos aún las fuerzas para voltear a ese espectro de su caballo, por lo menos ladremos bien fuerte. Que sepa que hay algunos perros dispuestos a resistirse entre las casas.
Atticus






