domingo, 18 de octubre de 2015

Perros que no ladran


En la sabiduría popular está instalado que alguna vez el Quijote dijo:
"Ladran Sancho, señal que cabalgamos".
En realidad esta frase no pertenece a la obra de Cervantes, pero ha pegado porque es cierto que cuando alguien cabalga por las casas, normalmente, los perros ladran.
Pero en el mundo que nos toca vivir parece que los perros también se han vuelto líquidos y posmodernos, porque la cultura de la muerte cabalga alegremente entre nuestras casas y los perros ya no ladran, ni siquiera los que tienen la obligación de hacerlo, los perros pastores o mitrados.¡Y no me vengan con que perro que ladra no muerde, porque esos no ladran ni muerden!
El jueves 22 de octubre se realizará una nueva marcha nacional en defensa de la Vida y la Familia. Unos cuantos perros que todavía ladramos nos juntaremos allí para hacer algo de alboroto. Habrá que ver si conviene hacer tantas convocatorias diferentes a lo largo del año, pero no se puede negar que es una oportunidad para ladrar y lamernos las heridas.

La cultura de la muerte cabalga entre nosotros imponiendo sucedáneos de familia para difuminar lo que queda de la familia natural y cristiana. Cabalga sembrando la tierra con la sangre de los niños sacrificados a los ídolos, a los baales contemporáneos, al dinero y al confort y a la afirmación de la propia voluntad.
Mientras tanto, los perros cristianos, como nos llamaban los musulmanes en las novelas de antes, acediados permanecen en silencio.
"No podemos permanecer en silencio"- nos dice Mons. Cafarra- "Ay de nosotros si el Señor nos reprendiera con las palabras del profeta <<Perros que no ladraron>>"
Sí, ¡ay de nosotros! Si no tenemos aún las fuerzas para voltear a ese espectro de su caballo, por lo menos ladremos bien fuerte. Que sepa que hay algunos perros dispuestos a resistirse entre las casas.

Atticus 

domingo, 6 de septiembre de 2015

El diablo y los niños


Querido Jem,

                       Hoy sucedió algo de lo que quisiera hablarte, pero cada vez que me lo proponía me faltaban las palabras, y el corazón me pesaba como una piedra en el pecho. Incluso ahora que me he decidido por este pobre sustituto de la conversación la mano tiende a quedarse inerte, como resistiéndose a tocar el tema.
                       A media mañana me senté en un café a descansar un rato, y al tomar el diario encontré la imagen de un niño muerto en la playa. El estómago se me hizo un nudo. Tuve que apartar la mirada aunque ya no veía nada por las lágrimas. La soledad de ese niño me hizo sentir mucha tristeza.
                     Ya te estás haciendo hombre Jem, y hay cosas que debes saber. Los niños son un gran tesoro, porque manifiestan la esperanza. Pero el diablo, Jem, él y sus demonios odian a los niños. Están desesperados, y quieren lo mismo para nosotros. Ellos sienten que la Encarnación es el peor insulto de Dios; ¿cómo pudo alguien tan grande hacerse algo tan pequeño, tan frágil, tan voluble? Ellos no aprecian la ternura de las caricias de sus manos calentitas ni la risa y el juego espontáneos. Los aborrecen. Ante su miedo, dolor o sufrimientos, ellos gozan. Son verdaderamente perversos, Jem, son terribles.
                     Pero tú, querido hijo, vas a ser un hombre, pronto vas a serlo, y debes saber que el deber de un hombre es defender a los débiles, especialmente a las mujeres y los niños. Su vitalidad y alegría deberían llenarte de gozo; su fragilidad y sufrimiento de compasión. Siempre debes tener presente al Niño Dios en el pesebre en pleno invierno, y estar dispuesto a ser su caballero.
                     No olvides esto jamás Jem. Con gran cariño,
Atticus



martes, 25 de agosto de 2015

Matar a un ruiseñor

Un viernes por la tarde Scout me preguntó:

"Atticus, ¿por qué está mal matar un ruiseñor?"

Y le respondí:

"Porque no le hace mal a nadie. Es inocente, ingenuo. Es una criatura de Dios, llena de vida, que embellece el día y con su canto hace menos pesado el anochecer, hasta que el lucero nos devuelve la esperanza. Un hombre con el corazón en su lugar debería sentir ternura al verlo, cierto asombro, gozo y hasta compasión de su fragilidad. ¡Matarlo es cruel e inhumano, injusto y sacrílego!".


"¡Gracias Átticus!" y se fue a jugar a la  hamaca con Jem y Dill bajo la extraña mirada de Boo Radley.

lunes, 17 de agosto de 2015

Un cuento de navegación


Scout: "Atticus, ¿me cuentas una historia antes de dormirme?"

Atticus: "Muy bien Scout, pero una sola... Una vez hubo un hombre que salió a la aventura, buscando una tierra que le gustara para vivir. Recorrió los siete mares y los cinco continentes. Finalmente se encontró con una tierra que tenía todo lo que él deseaba, que le calzaba como un guante. Cual no sería su sorpresa al darse cuenta que esa tierra era la suya, que había vuelto a su antiguo hogar, y que allí, allí estaba el lugar que tanto había buscado. No maldijo el viaje ya que le había permitido descubrir su hogar, pero le mortificaba el tiempo perdido. Adivinando sus cavilaciones su madre le dijo: <<Antes navegabas en un bote llamado vanagloria, pero ahora viajas en uno llamado orgullo. Mejor acepta las cosas como son y ponte a trabajar>>. Y colorín colorado...

Scout: Es un cuento muy raro y muy corto, Atticus.

Atticus: No lo creas, es tan común y tan largo como la vida de muchos hombres. Ahora, a dormir.

Scout: Hasta mañana Atticus.

Atticus: Si Dios quiere.


sábado, 25 de julio de 2015

Jack contra los gigantes

En este mundo lleno de causalidades hoy tuve la fortuna de que se conjugaran dos eventos inesperados. Primero gasté gran parte de la mañana luchando contra una empresa de servicios públicos para que me devolviera el gas que me había cortado sin justa causa. La operación la llevó a cabo un esbirro amparado por la penumbra de la madrugada, que retiró el medidor sin siquiera golpear la puerta para avisar lo que iba a hacer -probablemente un gesto de prudencia causado por experiencias anteriores. Siempre hay mucho para decir de lo malos y caros que son los servicios públicos, pero no es ese el punto que me interesa. El punto es la prepotencia con que me trataron en todo momento.
El segundo evento fue encontrarme con un texto de Chesterton en el que hace una analogía entre el cuento de Jack y los gigantes y la lucha del hombre sensato contra el mundo moderno. Chesterton estaba criticando a H. G. Wells y, como de paso, a Nietzche y su idea del superhombre al que asimila a los gigantes del cuento:
"El mundo moderno, como el señor Wells, está de parte de los gigantes, el lugar más seguro y, por lo tanto, el más egoísta y el más prosaico".
Podemos decir que como nuevos Frankensteins hemos creado al superhombre, a una raza de gigantes que se han vuelto contra nosotros, nos aplastan, pisotean, aporrean y devoran a discreción.
¿Qué son si no esas inmensas burocracias, públicas y privadas, que hacen con nosotros su placer con prepotencia e impunidad? ¿Qué son si no esos grupos de presión internacionales que han corroido nuestra cultura hasta volver lo negro blanco y lo blanco multicolor?
Tal vez la versión más descarnada de estos gigantes sea la ONG estadounidense Planned Parenthood, un gigante que devora nuestros niños.(https://www.youtube.com/watch?v=1joDT5DpeWc)
Tal vez la mejor representación cinematográfica sean los gigantes de fuego de "Nausicaa del valle del viento", la obra original del gran Hayao Miyazaki.
Frente a estos monstruos, ¿qué podemos hacer?
Jack, Nausicaa y Frodo son imágenes artísticas de una verdad perenne: el débil es elegido por la Providencia para vencer a los fuertes, a los soberbios y prepotentes. Dice Chesterton en el mismo ensayo: "Los fuertes no pueden ser valientes. Sólo los débiles pueden ser valientes; y, sin embargo, sólo en aquellos que pueden ser valientes puede confiarse que serán fuertes en tiempos de duda".
Si de algo estamos seguros es que estos son tiempos de duda. Entonces, si Chesterton está en lo cierto, debemos confiar en los débiles, porque pueden ser valientes y fuertes en estos tiempos; no por ellos mismos sino por Aquel que ya ha vencido al mundo.
Atticus